sábado, 31 de octubre de 2009

Delirio




Los domingos siempre son similares
en Buenos Aires.

Dos hombres se pelean
por un lugar en donde estacionar,
mientras una vieja mira con horror
desde el balcón
como un par de adolescente 
se refriegan los cuerpos y las bocas.

Una pua muestra parte
de lo que quiere vender,
mientras un pdrro se zafa de la correa
con la que lo pasean
y colrre,
cruza la call e 
y corre.

Un día más 
pasa por mi ventana,
sin distinción de sexo
ni clima.

Podría decir que en mi cuarto
también hay un mundo gritando,
cuerpos desnudos que no se secan,
cerebros dand órdenes equivocadas,
toallas deshechas por las prohibiciones.

Afuera hay caminos que no pasaron
por debajo de mis pies,
cuerpos que no fueron rozados 
por mis manos,
árboles que no conocen
la textura de mi cabello.

De golpe me veo 
como en una película 
que se proyecta 
contra una pared blanca, 
sobre la cual
no se distinvuen las letras
de los subtítulos.




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Extraido de Tuyo es mi corazón